viernes, 12 de abril de 2019

Rompiendo una lanza I (21 de marzo de 2019)


No es fácil defender a alguien considerado el malo de la película. Y eso se debe a que estamos acostumbrados a las dicotomías simplistas. Entonces todo se divide entre buenos y malos. Héroes y villanos. Santos y pecadores. Ángeles y demonios. Justamente quiero hablar de uno de los malos.

Desde hace más de 20 años existe una costumbre de ensañarse demasiado con el gobierno del doctor Carlos Saúl Menem. Quien ganó las elecciones presidenciales en dos oportunidades con más del 50% y logró reformar la Constitución tras un acuerdo con su principal líder opositor es hoy visto como un triste personaje que “vendió el país”, “arruinó la Argentina” y otras frases así.

Quizás convenga recordar el contexto: Tras la “década perdida” que provocó quiebras y crisis en toda América Latina, la Argentina en particular en 1989 se encontraba en una situación muy delicada: La peor hiperinflación que este país recuerde, en default desde 1988, índices record de desocupación y pobreza, y con empresas públicas que eran máquinas de generar ineficiencia y déficits. Esto dio lugar a la crisis social, con saqueos y represión policial en los barrios. Y como si todo fuera poco, con la amenaza de los alzamientos militares aún latente y con la guerrilla resurgiendo en La Tablada.

Y también conviene recordar otras cosas del contexto: Fin de la Guerra Fría y el modelo capitalista estadounidense más fuerte que nunca. El Plan Brady, el Consenso de Washington, el triunfo del llamado “neoliberalismo”. Cabe recordar que el gobierno de Alfonsín ya había intentado, con diferente éxito, algunos tímidos planes para privatizar o al menos asociar empresas públicas con privadas. Por lo tanto, el camino “neoliberal” era inevitable.

Dejemos de lado los preámbulos, vamos a lo importante: ¿Fue positiva la presidencia de Menem? Eso no pasa de apreciaciones subjetivas. Lo que es indudable es que lo dejó en mejores condiciones que las que habían cuando llegó. Menem deja el país con una severa crisis de desempleo, es cierto. Pero la inflación no era problema, en los 10 años de menemismo solo hubo dos años de retracción del PBI, 1995 y 1999, el país se encontraba integrado al mundo y sin riesgo de default, y la recesión que se inició en 1998 en el tercer trimestre de 1999 estaba empezando a ser dejada de lado. La balanza comercial era negativa, pero año tras año iba disminuyendo. El índice de pobreza según el INDEC era de 26%, el mismo registrado durante los años de “superavits gemelos” y “tasas chinas” del kirchnerismo. Y cabe recordar que todo esto se logró en un contexto internacional completamente desfavorable, que desde 1994 venía con crisis internacionales (Tequila, Vodka, Caipirinha, Tigres Asiáticos).

El 1 a 1 logró que durante 12 años la Argentina atravesara diferentes problemas, pero la inflación no fue uno de ellos. Por primera vez en mucho tiempo la Argentina tuvo una moneda fuerte y disfrutó de más de una década de estabilidad, que le permitió a los argentinos el acceso al crédito. Toda la crisis posterior no se debió a la política monetaria, sino al gasto público.

Se vivió una apertura económica. Llegaron inversiones como nunca antes. Se terminó con barreras proteccionistas obsoletas. Y mediante la conformación del Mercosur y la baja de aranceles se dio a inicio a un proceso de apertura comercial. Se firmaron tratados comerciales con Estados Unidos, Alemania, Francia, Canadá, Italia y el Reino Unido.

La integración al mundo no fue solo económica. Durante esos 10 años la Argentina adhirió a tratados internacionales de desarme nuclear como el Tratado de Tlatelolco  o el Tratado de No Proliferación Nuclear. Tropas argentinas empezaron a participar en misiones de paz de las Naciones Unidas. Se creó el cuerpo de Cascos Blancos. Y como olvidar la inserción del país en el G-20.

¿Y en infraestructura? Nadie puede negar que Menem modernizó el país. Modernizó las telecomunicaciones, los trenes urbanos y muy especialmente el sistema vial. La Panamericana, la Autopista Buenos Aires-La Plata, el Acceso Oeste y la Ruta Nacional 40 (si bien no la concluyó) son algunos testimonios.

Las privatizaciones, además de ser algo inevitable, fueron hechas con el aval de la opinión pública, que consideraba que aquellas empresas eran insalvables, y la privatización las modernizó. En la mayor parte de los casos lo que vino después fue más que cuestionable, y muchas de esas nuevas empresas privadas resultaron ser ineficientes. Pero, tras doce años de “Estado presente”, queda claro que re-estatizarlas no era la solución tampoco.

¿Y los Derechos Humanos? Claro, los indultos. Se puede estar de acuerdo o no, pero no aseguraron ninguna impunidad, fueron medidas para pacificar al país, que incluyeron también a los líderes guerrilleros. Más adelante en 1998 Videla y Massera, entre otros, volverían a la cárcel al ser juzgados por sustracción de menores. Pero sería un error limitar a Menem a eso: También tuvo lugar la indemnización por los desaparecidos, se incorporaron al sistema legal tratados internacionales de DDHH (como la Convención Interamericana contra la Desaparición Forzada de Personas o la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de Lesa Humanidad) y se terminó con el servicio militar obligatorio.

¿Hubo cosas malas? Por supuesto. Casos de corrupción. El poco afecto por el sistema republicano. Las políticas educativas. No haber previsto las situaciones de crisis social que podían generar las privatizaciones (en los trenes o e YPF, por ejemplo). Y fundamentalmente, haber continuado con los subsidios y el gasto público excesivo.

Quizás, si en 1999, el gobierno que le seguía hubiera hecho algunos cambios todo se podría haber evitado, ya que la situación era reversible. Se podría haber bajado el gasto. Se podría haber revisado todas las concesiones de servicios. Incluso se podría haber modificado la convertibilidad para pasar a una dolarización o una canasta de monedas. Pero no se hizo nada de eso, se dejaron que los problemas siguieran acumulándose. Hasta que estalló.

¿Qué balance puede hacerse? Que decir que Menem tiene la culpa de todo (como vienen haciendo todos los gobiernos desde 1999) es falso. La presidencia de Menem solucionó algunos problemas estructurales de Argentina y dejó problemas para resolver. Pero desde que se fue esos problemas estructurales volvieron y los que dejó para resolver se agravaron. Es injusto decir que una presidencia es la causa de todos los males. Y es injusto no reconocer que se habían dado pasos importantes para resolver cuestiones centrales. Pasos que nadie siguió.

Probablemente la Historia se encargue de poner a todos en su lugar. Ojalá así sea y se termine el maniqueísmo.

Matías

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