viernes, 12 de abril de 2019

Carta abierta a todos los venezolanos: Perdón por aquella rebeldía adolescente (25 de enero de 2019)


Nadie te creerá a pesar del hecho de que cualquiera que haga el menor esfuerzo puede ver lo que espera en el futuro. Es como el huevo de la serpiente. A través de las finas membranas se puede distinguir claramente el reptil ya perfecto (Hans Vergerus, personaje de El huevo de la serpiente, dirigida por Ingmar Bergman)


Buenos días gente de Venezuela:

Antes de pasar a transmitirles el mensaje quiero empezar enfatizando mi total condena a la dictadura de Maduro y mi reconocimiento total a Guaidó y a la Asamblea como legítimos representantes de Venezuela. También mi respeto y admiración a todos los que están luchando en las calles y a los que tuvieron que emigrar. Mis saludos a la Patria de Bolívar, Sucre y Andrés Bello.

Mi niñez atravesó la plena época del “neoliberalismo” tras el fin de la Guerra Fría. Siendo un preadolescente vi como caía el mundo que conocía, con los atentados del 11-S y la crisis de 2001. Se abría entonces una nueva etapa en el mundo. Como suele ocurrir, la adolescencia es una época de efervescencia, de rebeldía y de agitación. Época de activismo, de militancia y de proclamar ideas revolucionarias. Yo no escapé a eso.

Durante aquellos años veía en el chavismo a un intento verdadero de revolución y lo más parecido a lo que yo postulaba. Discusiones con amigos, con mis padres, con usuarios de foros de internet, en las que yo tomaba la posición de apoyar a Chávez y a sus gobiernos acólitos. Y es así como junto con mis fotos del Che, Fidel y el Subcomandante Marcos sumé las del presidente venezolano. ¿Cómo no iba a admirarlo si hablaba contra Bush, decía defender a la “Patria Grande” y decía “váyanse al carajo yanquis de mierda”?

Pero a esa altura era inevitable darse cuenta lo que pasaba. Viéndolo a la distancia era imposible no darse cuenta como venía la mano. Hablaba contra el imperialismo pero no dejaba de venderle petróleo a los “yanquis de mierda”. Apoyaba a las FARC, a dictadores sanguinarios como Mugabe, Gadafi, Lukashenko u Omar Al-Bashir. Y quizás su mayor muestra de apoyo internacional: Recibir en Venezuela y defender en todo el mundo a Ahmadinejad, el presidente iraní que negaba el Holocausto y quería borrar a Israel del mapa.

Chávez acusaba a los demás de golpistas pero ocultaba que él mismo había encabezado un intento de golpe en 1992. Tras haber ganado varias elecciones democráticas empezó a hablar de su reelección indefinida. En 2007 fracasa en su primer intento de plebiscito, y, como buen demócrata, considera que la oposición había conseguido una “victoria de mierda”. Mientras, los medios opositores iban cerrando y la televisión no podía transmitir cuando las hinchadas cantaban en su contra en la Copa América de 2007. Claro que la pobreza se reducía en el país, siempre y cuando el precio del petróleo no bajase, porque Venezuela nunca dejó de ser un país con un modelo extractivista con una oligarquía petrolera enriquecida.

Y quizás lo que más nos llega como argentinos. La valija de Antonini Wilson, la embajada paralela de Uberti y la “negociación exitosa de la deuda” de Kirchner, que nos desendeudó con el FMI a cambio de endeudarnos al 15% anual con el régimen venezolano.

En lo personal, dejé de adherir al chavismo hacia 2011 o 2012, cuando ya estaba claro que ese modelo no conducía a nada. Pero antes estaba muy claro lo que era Chávez y lo que representaba. Y muchos nos enceguecíamos a propósito por simple ideología. Para sostener lemas estúpidos y anacrónicos y querer combatir al imperialismo, la oligarquía y toda la cantinela esa. Cuando un gobernante hacía algo malo había que condenarlo, pero si era Chávez “es más complejo”.

Por eso, amigos y amigas de Venezuela, siento que les debo disculpas. A pesar que hoy estoy de su lado, pido que se termine la dictadura de Maduro y se termine el endiosamiento cuasi-fascista a Chávez, siento la culpa de haber ignorado las señales evidentes. Apenas como un simpatizante a lo lejos yo apoyaba todo lo que desembocó en eso que hoy genera pobreza, muertes y violencia. De verdad, mis más sinceras disculpas.

Pero de toda maneras, a diferencia de otras personas que nunca maduraron en su vida y siguen pensando como eternos adolescentes, recapacité a tiempo. Y desde mi posición, aunque sea en redes sociales, voy a apoyarlos a terminar de una vez con ese régimen despótico. Porque aprendí la lección fundamental: Las ideologías van y vienen, pero cuando se empieza a demoler la república y la libertad no hay ninguna ideología que valga.

Sin nada que agregar y deseándoles mucha fuerza, los saludo.

Matías

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