domingo, 17 de mayo de 2020

La falsa dicotomía entre cinismo y estupidez

 "¿Lo harán de malos o de idiotas?", uno de los dilemas a los que todos nos hemos enfrentado al descubrir que cierta gente no cumple como debieran y nos perjudican. ¿Será que lo hicieron con mala intención para fastidiarnos? ¿O serán acaso personas bien intencionadas que se equivocaron y que nos molestaron sin querer? Sea una o sea otra, el resultado es el mismo: Malo.

 Será por eso que nuestros códigos legales incorporaron el principio de "Ignorantia juris non excusat". El desconocimiento de la ley no es excusa, y quien la violente, por más que diga que no sabía lo que hacía, es igualmente condenable. Eso mismo podemos aplicar a la vida cotidiana.

 Y la cosa es más delicada cuando el ignorante no es una persona normal que puede permitir equivocarse groseramente, como si se tratase de un empresario ingenuo que confía en cualquiera y termina fundido. Si del ignorante dependen las vidas de millones de personas su desconocimiento se vuelve mucho más peligroso.

 También existe otra variable más. En épocas de pandemias en los que la emergencia conlleva a la concentración de poder como forma de Gobierno es inaudito que quien está al frente sea ignorante, porque ahí si, más que en otras circunstancias (más "normales"), si el que está al frente ignora lo que pasa a su alrededor su ignorancia se vuelve más criminal.

 Por eso es que no nos podemos permitir tener un Presidente que no sabe lo que pasa delante de sus narices. No sólo por tratarse del Presidente, también por tratarse de un momento en que su poder es casi omnipotente (con un Poder Legislativo actuando en cuentagotas y un Poder Judicial casi cerrado).

 Pero pasa. Liberan presos, le dan la domiciliaria a un corrupto confeso como Ricardo Jaime por pedido de la Secretaría de DDHH, pero resulta que Alberto no sabía. El Ministerio de Desarrollo compra alimentos con sobreprecios, pero resulta que Alberto no sabía. El Anses y el BCRA convocan a miles de jubilados (el mayor grupo de riesgo) a agolparse en los bancos, pero resulta que Alberto no sabía. La Oficina Anticorrupción (dirigida por un fanático K) abandona las denuncias contra Cristina, pero resulta que Alberto no sabía.

 Alberto no sabía. Alberto se enteró por los medios. Alberto se enojó. Cada semana nos tenemos que enterar de un nuevo caso del Presidente haciendo gala de un poder de indiferencia ente la realidad que haría que Mr. Magoo quede a la altura de Sherlock Holmes.

 Y hay más: Recientemente Alberto dijo que no tenía ningún plan para un billete de 5000 pesos (cosa más que entendible, ningún Gobierno va a querer quemarse así). A los pocos días... se filtran los diseños para el futuro billete de 5000. Y encima con la imagen del simpatizante nazi Ramón Carrillo. ¿Cuánto va a faltar para que digan que Alberto no sabía, se enteró por los medios y se enojó?

 A estas alturas sólo quedan dos opciones. O nuestro Presidente es una mala persona que no se hace cargo de lo que hacen sus funcionarios. O nuestro Presidente es una buena persona pero es tan bueno que deja que sus funcionarios hagan lo que quieran sin tener idea de nada.

 La dicotomía es ¿cinismo o estupidez? La respuesta: Es irrelevante. El resultado es el mismo. Ya que tanto le gusta hablar de falsas dicotomías, esto también es una falsa dicotomía. Los desastres de su Gobierno no son menos desastrosos porque se entere de ellos viendo la tele y después se enoje y grite "pucha".

 ¡Pucha! Otra vez. ¿Lo harán de cínicos o de estupidos?

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