domingo, 24 de mayo de 2020

The Big Father

 Quizás el legado mayor de la célebre 1984 de George Orwell sea el personaje del Gran Hermano, el Big Brother. Más que un personaje era el ícono del partido gobernante en el Estado totalitario de la novela. Aparecía en murales y pantallas para infundir el temor, ya que era, en teoría, un ser omnipresente que todo lo ve y todo lo vigila. Estaba inspirado obviamente los grandes regímenes totalitarios del siglo XX. Y a su vez inspiró al tristemente célebre reality show que todos conocemos.

 Como siempre, la realidad supera la ficción. Y no sólo la supera, también la complementa y la renueva.

 Pongámonos en situación: Una fuerza política autoritaria con aspiraciones totalitarias (que durante doce años nunca dejó de demostrar esas características) llega al poder y lo primero que hace es conseguir superpoderes, para darle a su Presidente (en teoría un "moderado") innumerable cantidad de poderes reservados al Congreso.
 Al cabo de unos meses llega una pandemia global y la solución para combatir a ese virus hiper contagioso es la cuarentena, obligando a todos los ciudadanos a quedarse en sus casos y a salir sólo en caso de tener una autorización del Gobierno. Al margen de la necesidad de la cuarentena ¿no es acaso algo orgásmico para todo gobierno autócrata? Restringiendo la circulación (y por ende el derecho a protestar). Cerrando el Congreso y con un Poder Judicial dormido. Colaborando con las empresas en crisis otorgando subsidios a cambio de una participación en esas empresas. Las fuerzas policiales con vía libre para hacer lo que quieran, provocando torturas y muertes en distintas provincias. Y obligando a la población a bajarse una app con geolocalización y cruce de datos para vigilar bien de cerquita a los ciudadanos. Si no es un Gran Hermano al menos es un Gran Hermanastro.

 Pero me animo a decir que quizás no se trate de un intento de vínculo fraternal. Más bien quién nos vigila busca un vínculo de otro tipo. Más paternalista. Más paternal.

 Una Gran Padre, pero no un Buen Padre. El padre tóxico que no deja que su hijo progrese y lo tiene sometido. Un padre que cree que nadie está haciendo un sacrificio (aunque sus hijos estén con cada vez menos ingresos y cada vez más deudas). Un padre que te dice que solamente él te puede ayudar dándote plata y que si te quejás te castiga. Un padre que te dice que no tenés derecho a angustiarte o a ponerte mal, que si te angustiás sos un desagradecido porque él está velando para que no te mueras y peor es morirte. Un padre que te miente diciéndote que los demás están peor que vos (Suecia, Chile, Paraguay) para justificar sus tropelías. En fin, un padre que te mantiene, no te deja salir y si osás preguntar por qué no podés salir te pega y te trata de ingrato. Y es además un padre alcohólico, o mejor dicho, ebrio, pero ebrio de poder.

 Por supuesto que todo padre debe disciplinar y de ser necesario castigar a sus hijos cuando es necesario. Pero si el hijo está asustado y encerrado sin poder salir y sólo pudiendo abrir la ventana tras pedir permiso ¿de verdad el padre espera que su hijo no se angustie o no se sienta mal? ¿será que no entiende que "salvar la vida" no justifica anularla totalmente? ¿no tiene manera alguna de inculcarle la importancia de cuidarse sin ser un cretino insensible con aires de dictador?

 Todas preguntas sin respuesta. El Gran Padre ha hablado. No llores, no salgas a caminar sin permiso y, si trabajás de lo que te digo, vas a poder ganar algo de plata. Pero eso si: Haceme dibujitos que me encantan.

domingo, 17 de mayo de 2020

La falsa dicotomía entre cinismo y estupidez

 "¿Lo harán de malos o de idiotas?", uno de los dilemas a los que todos nos hemos enfrentado al descubrir que cierta gente no cumple como debieran y nos perjudican. ¿Será que lo hicieron con mala intención para fastidiarnos? ¿O serán acaso personas bien intencionadas que se equivocaron y que nos molestaron sin querer? Sea una o sea otra, el resultado es el mismo: Malo.

 Será por eso que nuestros códigos legales incorporaron el principio de "Ignorantia juris non excusat". El desconocimiento de la ley no es excusa, y quien la violente, por más que diga que no sabía lo que hacía, es igualmente condenable. Eso mismo podemos aplicar a la vida cotidiana.

 Y la cosa es más delicada cuando el ignorante no es una persona normal que puede permitir equivocarse groseramente, como si se tratase de un empresario ingenuo que confía en cualquiera y termina fundido. Si del ignorante dependen las vidas de millones de personas su desconocimiento se vuelve mucho más peligroso.

 También existe otra variable más. En épocas de pandemias en los que la emergencia conlleva a la concentración de poder como forma de Gobierno es inaudito que quien está al frente sea ignorante, porque ahí si, más que en otras circunstancias (más "normales"), si el que está al frente ignora lo que pasa a su alrededor su ignorancia se vuelve más criminal.

 Por eso es que no nos podemos permitir tener un Presidente que no sabe lo que pasa delante de sus narices. No sólo por tratarse del Presidente, también por tratarse de un momento en que su poder es casi omnipotente (con un Poder Legislativo actuando en cuentagotas y un Poder Judicial casi cerrado).

 Pero pasa. Liberan presos, le dan la domiciliaria a un corrupto confeso como Ricardo Jaime por pedido de la Secretaría de DDHH, pero resulta que Alberto no sabía. El Ministerio de Desarrollo compra alimentos con sobreprecios, pero resulta que Alberto no sabía. El Anses y el BCRA convocan a miles de jubilados (el mayor grupo de riesgo) a agolparse en los bancos, pero resulta que Alberto no sabía. La Oficina Anticorrupción (dirigida por un fanático K) abandona las denuncias contra Cristina, pero resulta que Alberto no sabía.

 Alberto no sabía. Alberto se enteró por los medios. Alberto se enojó. Cada semana nos tenemos que enterar de un nuevo caso del Presidente haciendo gala de un poder de indiferencia ente la realidad que haría que Mr. Magoo quede a la altura de Sherlock Holmes.

 Y hay más: Recientemente Alberto dijo que no tenía ningún plan para un billete de 5000 pesos (cosa más que entendible, ningún Gobierno va a querer quemarse así). A los pocos días... se filtran los diseños para el futuro billete de 5000. Y encima con la imagen del simpatizante nazi Ramón Carrillo. ¿Cuánto va a faltar para que digan que Alberto no sabía, se enteró por los medios y se enojó?

 A estas alturas sólo quedan dos opciones. O nuestro Presidente es una mala persona que no se hace cargo de lo que hacen sus funcionarios. O nuestro Presidente es una buena persona pero es tan bueno que deja que sus funcionarios hagan lo que quieran sin tener idea de nada.

 La dicotomía es ¿cinismo o estupidez? La respuesta: Es irrelevante. El resultado es el mismo. Ya que tanto le gusta hablar de falsas dicotomías, esto también es una falsa dicotomía. Los desastres de su Gobierno no son menos desastrosos porque se entere de ellos viendo la tele y después se enoje y grite "pucha".

 ¡Pucha! Otra vez. ¿Lo harán de cínicos o de estupidos?

lunes, 11 de mayo de 2020

La serpiente ya rompió el cascarón

 El huevo de la serpiente es un clásico de Ingmar Bergman del año 1977. Ambientada en la Alemania de los años 20, es una metáfora muy clara de lo que pasó en el país germano en apenas un lapso de 10 años. El nazismo, luego del fracasado putsch de Munich, tardo una década en llegar al poder y llevar a cabo todas las atrocidades que hizo. Pero la amenaza siempre estuvo latente, desde el primer momento se podía vislumbrar lo que la ideología nazi y la figura de Hitler representaban, y se podía vislumbrar también que ese futuro sombrío y totalitario era inevitable. El futuro era como el huevo de una serpiente, translúcido, que dejaba ver al monstruo que vendría.

 Algo similar podemos decir respecto a nuestra actualidad política. Corría el año 2019 y la Argentina debía afrontar un nuevo período electoral y los que se habían ido en 2015 tenían posibilidad de volver. Aquellos años de corrupción escandalosa, de persecución desde la cadena nacional, de soberbia, de mesianismo, de demagogia, de autoritarismo, de aislamiento del mundo podían repetirse. Y para peor, porque volvían con sed de venganza y en medio de una ofensiva de todas las izquierdas de la zona, que mediante estallidos sociales intentaba retomar la agenda pública.

 Volvieron. A pesar de esas luces de advertencia que fueron los indicadores del lunes después de las PASO. Volvieron en primera vuelta.

 Hasta ahí si podíamos usar la analogía del huevo de la serpiente. A pesar que a todos estos tipos ya les conocíamos el CV entero uno podía darse el lujo de dudar, porque el mundo ya era distinto, no era tan "Argentina-friendly" como en tiempos del primer kirchnerismo. Aún así, era una fija que el sistema democrático iba a salir dañado. Ya sea porque el albertismo y el cristinismo estuvieran de acuerdo o porque estuvieran en desacuerdo, lo que llevaría a una interna salvaje desde el poder. Por eso es que algo podía vislumbrarse.

 Ese huevo de serpiente pasó de translúcido a cristalino cuando a los pocos días de asumir el Presidente se alineaba con las izquierdas chavistas de la región y cuando utilizó al Congreso para pedir que le dieran superpoderes. Entonces, a pesar de que el Ministro de Salud dijo que no iba a pasar, llegó el coronavirus. Llegó la pandemia. Llegó la cuarentena. Y el cascarón se rompió.

 Ya tenemos a este pequeño ofidio venenoso entre nosotros. Extendiendo la cuarentena sin ningún plan a mediano plazo para salir de ella o mitigar sus efectos, primando solamente la improvisación. Acusando de miserable o egoísta al que, con toda la razón, osa expresar preocupación por su futuro económico. Considerando delincuente a todo aquel que quiere organizar una protesta. Aprovechando la emergencia para los negociados más escandalosos de sobreprecios y compras de material defectuoso. Alentando desde el Estado las liberaciones de los corruptos, los asesinos y los violadores, mientras se persigue al laburante que sale a ganarse al pan o a la persona que ya no aguanta el encierro. Abandonando a su suerte a decenas de ciudadanos varados en el exterior alejados de sus familias. Un Poder Judicial dormido excepto para liberar delincuentes, un Poder Legislativo cerrado salvo para sesiones virtuales fallidas, ignorando los pedidos de la oposición que busca una sesión presencial. Una política exterior basada en pelearse con los vecinos y amenazar con romper el Mercosur. La cuarentena aceleró el periodo de incubación de la serpiente y ya salió de su huevo diciendo "mamá".

 ¿Pero estamos seguros que es una serpiente venenosa? ¿No será acaso inofensiva? Al sistema republicano le bastan apenas unas gotitas de veneno para empezar a agonizar. Y esas gotitas pueden venir de distinta forma, como cuando un Presidente se cree Papá Noel y empieza a pedirle a los niños que les manden dibujos, evocando imágenes del peor adoctrinamiento fascista en los libros escolares del primer peronismo. O cuando ese Presidente da una conferencia de prensa hablando pestes de Suecia y respondiendo sonriente a todos los "periodistas" que no dejan de tirarle centros, pero cuando un periodista le hace una pregunta serie sobre el futuro económico del país no quiere responder y actúa prepotente.

 ¿Y qué mayor veneno que la persecución al que piensa diferente? La Ministra de Seguridad anunciando el "ciberpatrullaje", el titular del Enacom diciendo (y luego desmintiendo) que se regularán los portales de noticias online para controlar las "fake news". La persecución a militantes opositores en redes sociales por parte de fiscales adictos, medios oficialistas, una "asociación de víctimas de trolls" o una parásito del Conicet que amenaza a los que quieren hacer cacerolazos mientras dibuja a Alberto Fernández como un superhéroe. Y todo esto acompañado de una app obligatoria que, con la excusa del coronavirus, permite al Estado poder vigilar bien de cerquita a todos los ciudadanos.

 Ya no hay ningún huevo. Es una serpiente hecha y derecha. Venenosa y mortífera. Puede ser de una cabeza, de dos cabezas, quizás sean en realidad dos serpientes que de a poco se irán despegando una de otra. Es irrelevante: El veneno es el mismo. Nuestro sistema republicano y democrático ya está herido y probablemente no hay ningún antídoto cerca. Quizás ya es demasiado tarde.

 O no lo es tanto. La naturaleza es sabia. Existen las serpientes venenosas, si. Pero también existen las mangostas.


PD: Pido perdón a las serpientes, ese animal que sólo inyecta veneno para defenderse o para conseguir alimento. No merecen ser comparados con esta gente.