jueves, 19 de septiembre de 2019

Se acabó: Hay que dividir a la Argentina en tres

 Ya está, no hay nada que hacer. Gane Alberto, gane Macri, la debacle final de la República Argentina es inevitable. El país que supo ser un faro de constitucionalismo liberal en la región está convertido en una republiqueta bananera sin la menor estabilidad económica y siendo un paria en la economía internacional.

 ¿Tiene arreglo? No, ya no. Por eso es momento de hacer lo que suelen hacer las personas que saben que sus proyectos se dirigen al fracaso: Barajar y dar de nuevo. Empezar de cero. Con otro país. Pero no con el mismo.

 Mi proyecto es dividir al país en tres: Norte, Central y Sur. Argentina del Norte incluye San Juan, La Rioja, el NOA y el NEA. Argentina Central, a Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. Finalmente, Argentina del Sur está conformada por La Pampa, Buenos Aires, la CABA y toda la Patagonia.



 Por supuesto que cada uno elegirá en qué parte vivir. Si me dieran a elegir preferiría que la región encargada del resurgir argentino es la Central. Allí podremos volver a intentar forma una república liberal y democrática, sin subsidios, sin los vicios populistas e integrados al mundo.

 Argentina del Centro no podría caer en la maldición de los recursos. Mientras que el Norte y el Sur tendrían abundante riqueza mineral y petrolera, el Centro sólo lo tendría en forma limitada, lo ideal para podes logar un desarrollo económico sustentable sin caer en la tentación de simplemente extraer los recursos sin más.
 Por el contrario, gran parte de su economía se basaría en la actividad agropecuaria, contando con la ventaja de las tierras fértiles de la Pampa húmeda. Y a eso hay que sumarle una importante actividad industrial en Córdoba. Y finalmente, una salida al Río de la Plata.

 Se volverá a la Constitución de 1853 (excepto la parte sobre la elección indirecta de Presidente y Vicepresidente, y la elección de Diputados y Senadores). No más 14 bis, no más tratados internacionales avasallantes, no más "derechos indígenas", no más coparticipación, no más reclamo por las Malvinas (será de Argentina del Sur). Se podrá dotar a las provincias de mayor autonomía y libertad. Se podrá instaurar un sistema legislativo más representativo.
 Centroargentina será un Estado moderno, sin una burocracia agencia de empleos, sin presión impositiva sofocante, sin planes sociales limosna. Habrá respeto absoluto por la propiedad privada y la libertad de mercado. Todas las inversiones serán recibidas.
 Y como la economía será pujante no habrá riesgos de default ni bicicletas ni especulación buitre. Y no la habrá porque no existirán impuestos a la renta financiera ni restricciones. La moneda será el dólar y se va a avanzar hacia un sistema de convertibilidad.

 ¿Y qué va a pasar con el Norte y con el Sur? Tendrán recursos y grandes extensiones de territorio. Pero se verán obligados a explotar sus potenciales y a dejar atrás vicios del pasado si quieren progresar, ya que no tendrán los recursos que tenían antaño. Ninguna de los dos países tendrán los ingresos extraordinarias de la soja ni los recursos coparticipables de antes. Por la fuerza de las circunstancias tendrán que cambiar sus modelos.
 Por supuesto que el Centro también tendrá desafíos, como el poder feudal de los Saa en San Luis o el narcotráfico en Rosario. Pero todo irá mejorando con un Gobierno serio que asuma sus responsabilidades.

 La relación entre las tres argentinas será cordial y pacífica, pero sin descuidar los intereses propios. Argentina Central cuidará sus fronteras mediante políticas de defensa y seguridad estratégica, para evitar que las bandas narcotraficantes y de otros delitos trasnacionales afecten a nuestra población.

 ¿Es ridículo esto? Probablemente. Pero soñar no cuesta nada.